Para Reflexionar

El dolor es inevitable
pero el sufrimiento es opcional.

Siddharta Gautama El buda

El Mensaje de Renacer

Salto hacia nuestra dimensión espiritual

Cuando los padres comienzan a darse cuenta, que nunca una persona que ha perdido un hijo volverá a ser la misma, que algo cambia para siempre, es aquí donde Renacer se abre al análisis existencial.

La respuesta es siempre la misma: el salto hacia nuestra dimensión espiritual, donde encontraremos los recursos necesarios para reinsertarnos en la sociedad a través de una vida productiva y plena de sentido.

Nos van a seguir pasando cosas en la vida, pero Renacer nos da esa fuerza, nos da esa visión tan maravillosa, tan fuerte, tan sabia de la vida, que hace que no importa lo que la vida nos presente a cada instante: vamos a poder y saber enfrentarlo, lo vamos a hacer, lo hacemos, lo hacemos cada día. En circunstancias diferentes, nos van a seguir pasando cosas, porque así es la vida y es la fortaleza y es la sabiduría que uno aprende en Renacer, la que nos ayudará a seguir viviendo una vida plena de sentido, no importa lo que ocurra.

Dentro nuestro hay recursos interiores tan fuertes, tan increíbles, que se descubren, justamente, frente a crisis como ésta y nos damos cuenta que se puede.

Hay cosas hermosas que uno descubre a partir de esto que nos pasó.
Cuando las circunstancias no pueden ser cambiadas, el sufrimiento le da un sentido nuevo a nuestras vidas, frente a nosotros mismos, frente a nuestros hijos, frente a la comunidad, frente a la vida, frente a la muerte, frente a Dios o como cada uno lo sienta.

Y a partir de ahí, vivir nuestra vida tratando de aceptarla tal como es, vivirla con coraje, no escapándose  de ella, no ocultándose de ella, enfrentándola con valentía.

La tristeza es parte inevitable de lo que sentimos durante un tiempo y no podemos rechazarla; nosotros hemos llegado a un punto tal, que no queremos aceptar los sentimientos que no nos gustan, todo es “compre ya…”, “llame ya…”, “compre esto…” y hemos llegado a creer que hasta podemos “comprar” la ausencia o la cura de algunos sentimientos que no nos gustan, pero son nuestros; yo no puedo transferirle mi pena ni mi tristeza a otro, es mía, la tengo que vivir yo; ahora, ¿por qué voy a querer mis alegrías y voy rechazar mis tristezas? son mías, tengo que vivirlas, tengo que aprender a convivir con ellas.

Todos rechazan la muerte, pero la muerte entró en nuestras casas, nos dejó una cama vacía, nos dejó un lugar vacío en la mesa y ¿vamos a convivir hasta el día de nuestra muerte con un enemigo?, ¿vamos a vivir con un enemigo dentro de casa?, no podemos; tenemos que hacernos amigos; ésa es una tarea, una tarea propia.

Los sentimientos son parte de la naturaleza del hombre y la naturaleza cambia, un día está nublado, otro día hay sol, a veces viene un temporal por varios días y después el sol siempre vuelve a aparecer y la tristeza, eventualmente, algún día se va, pero, mientras tanto, veamos qué experiencias, qué vivencias me deja la tristeza, ¿cómo me cambia?, ¿en qué medida ese sentimiento que antes no lo tenía, en qué medida me cambia? ¿me hace más receptivo al dolor de los demás?, entonces, bienvenido sea, ¿me hace más solidario?, bienvenido sea.

Entonces, no es la tristeza en sí, sino lo que nosotros hacemos con la tristeza, podemos tirarnos en la cama, o podemos utilizarla para bien, eso depende de cada uno.

Siempre es nuestra la responsabilidad como viviremos nuestra vida, como la viviremos cada día.

Yo me levanto y elijo lo que cada día voy a hacer de mi vida; soy yo quien voy a proponerme llorar, porque el llanto es lo que yo siento por mi hijo o voy a levantarme con deseos de hacer algo en su homenaje que no sean las lágrimas.
Mi destino será transformarme en una mejor persona, más solidaria, más compasiva a raíz de la muerte de un hijo.”

Alicia Schneider Berti-Gustavo Berti
Septiembre de 2010.

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Por qué ayuda mutua y no autoayuda

Si bien RENACER nació como grupo de autoayuda, desde hace años se ha cambiado este término por el de ayuda mutua.

En la elección del término “ayuda mutua” por sobre “autoayuda” se ha respetado el concepto frankliano de la felicidad no como meta, sino como el resultado de una tarea o una misión adecuadamente cumplida que, en este caso, consiste en ayudar a un hermano que sufre, y en ese ayudar a otro, nos ayudamos a nosotros mismos en un proceso de ayuda mutua.

Esta vuelta de tuerca existencial de “recibir para después dar”, tan frecuente en los “preámbulos” de los grupos de autoayuda, hacia el “dar para recibir” de Renacer, es consistente con el postulado cristiano y reafirma al hombre como un ser abierto al mundo y a los hombres, que se reconoce en la siguiente frase de Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por sobre su dolor para ayudar a un hermano que sufre trasciende como ser humano”, uno de los lemas de Renacer.

Se nos ha dicho que cuando perdemos un hijo estamos tan llenos de dolor que no tenemos nada para dar salvo dolor y desesperanza y, en consecuencia, cómo podemos ir a un grupo a dar algo de nosotros.

Esto quizá ha sido cierto hasta que llegó Renacer a proponer un cambio existencial, y decir que la pérdida de un hijo es una condición permanente, pero el dolor que ello produce no debe ser permanente y que, aún inmersos en la más profunda crisis, siempre nos queda la libertad para decidir la actitud con la que hemos de enfrentar nuestro destino.

A lo largo de estas líneas nos hemos acercado a una nueva propuesta para los grupos de ayuda mutua, a un nuevo camino a recorrer por los seres sufrientes; camino que partiendo de la desesperanza, de la soledad existencial y de un sufrimiento sin sentido aparente, nos conduce a una existencia valiosa, auténtica, que se afirma a sí misma en una lucha laboriosa y honesta, no para no sufrir, no para olvidarnos, sino para reafirmar nuestra firme decisión de volver a empezar una y cuantas veces sea necesario, pero haciéndolo con la frente alta, mereciendo, como decía Dostoievsky, ser dignos de nuestro sufrimiento, pues igualmente digno y valioso es el origen de ese sufrir.

Poco a poco se va haciendo evidente que la propuesta de Renacer, va mucho más allá de un mero confortar a los que sufren, va transformándose en un imperativo ético.

En otras palabras, es el camino que lleva al hombre a su ser, el camino que lo lleva a alcanzar su humanidad.

(Del Mensaje de Renacer, sobre ayuda mutua: En “De Esencia y fundamentos de Renacer como grupo de Ayuda Mutua”)

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Qué son los grupos de autoayuda

Están compuestos por personas que comparten una situación o experiencia de vida en común. Se caracterizan por la ausencia de jerarquías entre sus miembros. La coordinación de los mismos no la ejerce ningún líder sancionado, y es conveniente que quien ejerza este rol no se perpetúe en el mismo. Tienen ciertos preceptos básicos que deben respetarse para su normal funcionamiento y que configuran el sistema de creencias que es acorde a la finalidad de cada grupo. Son gratuitos para sus integrantes y se autoabastecen con muy pequeñas erogaciones, suficientes para compartir una taza de café o imprimir algunas fotocopias necesarias para la tarea. No se adhieren a ninguna organización gubernamental, partido político o creencia religiosa en particular, y nadie será excluido por sus adhesiones personales en estos temas.

Dentro de estos grupos, los de pérdida de hijos o seres entrañablemente queridos presentan diferencias con aquellos a quienes los reúne una adicción, patología o enfermedad terminal, ya que no se trata en este caso de superar ninguna adicción, aprender a convivir con una determinada patología o de mejorar la calidad de vida y poner al día los vínculos afectivos de quienes se disponen a una irremediable partida. Perder a un hijo no significa una patología ni una enfermedad psicológica. Se trata de una crisis vital. Nadie es el mismo luego de haber perdido un hijo, se produce una ruptura epistemológica donde todo nuestro sistema de creencias se siente modificado. Es la oportunidad, no buscada, de revisar nuestros objetivos y nuestra espiritualidad para poder primero incorporar el dolor de haber sufrido tanto, y luego trascenderlo, y llegar con nuestra ayuda al dolor ajeno.

Juan Carlos Bianchi

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Renacer implica generar un proyecto de vida

En el momento que hacemos un balance sobre lo pasado en el año es la oportunidad para reflexionar sobre el futuro.

El mundo, nuestro mundo interior, no se limita a los eventos determinantes del pasado, sino que incluye las posibilidades que se abren ante nosotros, es decir aquello que yace en nuestro futuro y espera ser realizado por nosotros; esta apertura es lo que distingue el mundo humano del mundo cerrado de los animales y las plantas.

En el pensamiento occidental ha predominado la tendencia a pensarnos como seres espaciales, es decir, como cosas u objetos materiales, cuando en realidad somos seres temporales, y esta temporalidad lo marca el hecho que somos seres proyectantes, siempre orientados, proyectados hacia  algo que no somos nosotros mismos y está en nuestro futuro.

Si perdemos  la proyección, si desaparece la orientación hacia las posibilidades latentes en el futuro, entonces sólo queda morar en nuestra temporalidad ya pasada, el mundo de los recuerdos o en nuestra espacialidad presente, actual y sólo experimentaremos el presente.

Esta falta de futuro, de deseo de proyección, esta anorexis, esta falta de deseo existencial-temporal nos convierte en seres primariamente biológicos.

La persona, al reducirse temporo-existencialmente se agranda corporalmente, de ahí la prominencia de los síntomas somáticos al comienzo de un duelo.

Cuando perdemos un hijo no queremos mirar para adelante, no queremos ni pensar como ha de ser nuestra vida de aquí en más.

Si no existe proyecto alguno, entonces se vivirá en el pasado y se rescatará, continuamente, el hecho en sí, revestido con todas las emociones que a él corresponden, propias de un mundo cerrado, sin horizontes, sin proyectos de vida, sin nada por lo que valga la pena seguir viviendo, se prioriza el rescate de aquello más doloroso, aquello que más sufrimiento ha originado y que, además, se vuelve una y otra vez, en un eterno movimiento circular, a aquello que tanto nos ha marcado; lo que muestra la manera peculiar de manifestarse en oleadas de la hiperreflexión.

Los padres que se acercan a RENACER lo hacen en realidad no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido no quieren seguir viviendo como lo están haciendo, es decir, que se dan cuenta que necesitan un proyecto de vida.

En tal situación, cuando existe como proyecto de vida el ayudar a otro padre que ha perdido un hijo, es necesario que el ayudador rescate de su pasado sólo el hecho neutro, el hecho que  él también ha perdido un hijo, pero no se puededotar a ese hecho, no se lo puede revestir con emociones  y sentimientos dolorosos y negativos, puesto que si se procede de esa manera es evidente que no se estará en condiciones de ayudar a esa persona que se acerca.

El pasado contiene también valores realizados a los que se puede acceder, que  tiene influencia en las decisiones que se toman, en los proyectos que se tienen y en la producción de los estados de ánimo o temple.

En este sentido podemos decir que el futuro es el que determina la presencia de aquello vivido en el pasado que permanece para siempre en el mundo nuestro como lo ya realizado, lo eternizado en la realidad más indestructible. En la medida en que el pasado no es el ahora que fue, sino que es la dimensión en la que queda guardado todo lo realizado por el hombre, el granero del que habla Frankl, es, a la vez, el reservorio de donde ese hombre puede seleccionar y rescatar todo aquello que sea útil a sus proyectos, todo aquello que sea de valor, todo lo que ayude a ese hombre a encontrar sentido para su vida. Por lo tanto, lo que el hombre aspira a ser, determina, en gran medida, lo que rescata de su pasado, excluyendo aquello que sea teñido por el sentimiento o la emoción de lo que evoca.

En las reuniones de grupo nos dimos cuenta que  volver atrás sobre los hechos dolorosos y la exploración de emociones tan encontradas y negativas, propias de los primeros tiempos después de la partida del hijo, nos mantenía en un nivel emocional desde donde se hacía muy difícil vislumbrar un proyecto de vida. Y lo que es más aún, se hacía difícil no caer en la hipereflexión, consecuencia lógica de este tipo de procesos. 

A medida que el padre va descubriendo más aspectos positivos en su vida, ésta  aparece como un proyecto a considerar nuevamente, pero de otra manera; en su momento el dolor lo ha hecho consciente sólo de sus necesidades, nadie sufría más, ningún otro dolor importaba, ahora incluye a otros en sus consideraciones, y se da cuenta que, simplemente allegándose al otro, elevándose  más allá de  sí mismo hacia  un hermano que sufre, da a su propio sufrimiento un sentido, haciéndolo más suave de llevar, esa liberación del egocentrismo, como dice Elisabeth Lukas: "Es un impulso hacia la dimensión espiritual del ser humano.”

Frankl nos dice que el sentido de la vida no puede prescribirse, debe ser hallado individualmente en las opciones concretas que la vida  presenta al hombre, sin embargo hemos visto que Renacer a muchos padres, que durante un período en sus vidas no encuentran el sentido y mucho menos se lo espera, provee con un sentido colectivo, principalmente aliviando el sufrimiento del otro,  que está allí para tomarlo.

Esta opción es ansiosamente aceptada por muchos padres mientras comienzan a reconstruir sus vidas destrozadas y ayudados e incentivados por el grupo, comienzan la búsqueda de un nuevo proyecto de vida.

Renacer cumple con una tarea positiva, a decirnos que se puede pensar y tener proyectos de futuro, no solamente vivir el día, desde ya que vamos a vivir el día plenamente y dando mucho amor, pero también vamos a vivir pensando y mirando al futuro.

También para Renacer  hay un proyecto de futuro; creemos que sería importante que  se alentara a los grupos a evaluar el mensaje desde un punto de vista más conceptual y no meramente emocional y afectivo.

El mensaje de Renacer no es un mensaje común, en él está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, en este mensaje está implícita la esencia de Renacer.
En consecuencia, necesitamos trabajar firme en la esencia de Renacer; es necesario que la conozcamos y nos mantengamos dentro de ella, es preciso hacer un esfuerzo por conocer el significado de los grupos en su esencia, porque el mejor antídoto para todo tipo de dificultades es el conocimiento preciso de su esencia, así como discurrir con honestidad moral e intelectual.

Se abre una puerta para reflexionar sobre cada uno de los aspectos que implica la esencia de Renacer, integrados a través de los conceptos vertidos en los veintiún años transcurridos de su historia.

Como dijimos en Huerta Grande 2008, vamos a pedirles a ustedes que asuman el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años para que traten de que los papás nuevos que llegan al grupo sigan ese camino que ustedes pueden mostrarles, un camino de humanización un camino pleno de amor, porque lo merecemos nosotros, lo merecen nuestros hijos y hoy, por sobre todas las cosas, lo merece  el mundo, lo merece la humanidad, porque es necesario que en esta vida, en este mundo, haya seres compasivos y solidarios que trabajen pensando en los demás.

Lo más maravilloso de esto es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta, planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.

Si voy a Renacer como  una función puramente social, para juntarme para tomar un cafecito o en una comida, está bien pero, en última instancia, es como tener una computadora super gigante para jugar al tateti.

Es necesario que conozcamos la esencia y  nos mantengamos dentro de ella; ésta es la mejor manera para que Renacer perdure en el tiempo y pueda seguir llevando una semilla de esperanza a quienes han de transitar aún por esa noche oscura del alma.

Les deseamos a todos un feliz año 2010 pues, a pesar de todo, sí a la vida.”

Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

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Lo que buscamos no está en el pasado

Todo lo que ha pasado no se puede modificar. Continuar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos lleva a ninguna parte, no nos conduce, absolutamente, a ningún lugar, vamos a pedalear en el barro durante toda la vida.

La respuesta no está en el pasado, está adelante nuestro, en lo que todavía nos falta por hacer.

Siempre hemos dicho que no nos detengamos en lo que nos ha pasado, sino tratemos de canalizar nuestras energías acerca de la multitud de posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, una serie de caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero que están allí esperando ser recorridos por nosotros.

Si no los recorremos es por dos razones o porque no tenemos la voluntad o porque tenemos miedo. Esos caminos están ahí, esperando que los transitemos.
Simplemente, preguntémonos, nosotros que supuestamente somos la creación más perfecta que existe en este planeta, ¿por qué razón tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?

Eso tiene que tener un significado, ¿por qué no me pusieron los ojos en la mano?, donde yo podría mirarme la cabeza, mirarme las orejas, poder mirarme la espalda.

Pero no, me los pusieron ahí donde están y los ojos puestos ahí, tienen dos significados: primero, no me puedo mirar a mí mismo; para mirarme a mí mismo tengo que doblarme y lo único que puedo ver es el ombligo y voy a terminar quebrado.

La otra razón por la que tenemos los ojos adelante es porque tengo que mirar hacia adelante, tengo que mirar y caminar para adelante. Tengo que mirar hacia el futuro.

Tengo que aprender qué es lo que puedo hacer de valioso todavía por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.

John Milton, escritor inglés que perdió su vista, nos dice "El verdadero infortunio, es no saber sobrellevar un infortunio."

En el fondo, la tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque entonces su muerte fue en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.

Como padre tengo la obligación de que no sea de esa manera y sólo cada uno lo puede cambiar, solamente cada uno puede decidir qué es lo que va a aprender de esto, si voy a llorar, hasta que pueda regar las plantas del jardín, es decir, que el dolor nuestro y nuestra tragedia sea en vano y no tenga sentido.

Seguir mirando hacia atrás, no conduce a ningún lado, vas a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un montón de sal.

¿Recuerdan la historia de la mujer de Lot? Lot le pidió al creador que lo saque de la ciudad de Sodoma y Gomorra y el creador le permite salir con su esposa Edith, con la sola condición que al salir no vuelvan la mirada hacia atrás.

La mujer de Lot desobedece y se da vuelta y ¿qué pasa?  Se convierte en una estatua de sal.

¿Cuál es el significado de esta metáfora? Que al mirar a su pasado se cristalizó en lo que quedaba atrás. Ese es el peligro de mirar demasiado para atrás.

El resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y así habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.

Ese mensaje no queremos darlo y el único elemento para no darlo es nuestra vida y la manera en que la vivimos, no tenemos otra cosa, no hay otra manera.
¿Cómo vivo mi vida?  ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?

Sirve para una sola cosa, para hacerte más solidario y ayudar a otra persona a que sufra menos.

Pero si quieres ayudar a otra persona a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle ¿cómo estás? yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo tal y cual otra cosa… ¿Qué clase de ayuda es esa?
Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, se tiene que olvidar de su propio dolor, tiene que olvidarse de su dolor, tiene que decirle yo también perdí un hijo y sé que se puede salir adelante, porque como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

Alicia Schneider Berti y Gustavo Berti

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Duelo y pérdida

Duelo y pérdida No importa donde vivamos o que idioma hablemos, tarde o temprano todos compartiremos una experiencia con el resto de los demás seres del planeta: la pérdida de alguien cercano a nosotros. La pérdida puede ser súbita, sin avisos, o previsible, y aún así, no estaremos en posibilidades de evitarla. Todas las pérdidas traen sentimientos y recuerdos, y mientras para algunos, estas experiencias pueden parecer irrelevantes, para otros tales pérdidas pueden cambiar el curso de sus vidas para siempre.

Cuando algo o alguien se van de nuestras vidas, experimentamos un torrente de sensaciones físicas, emocionales y espirituales conocidas como duelo. El diccionario Webster define al duelo como “una profunda aflicción causada por la muerte de un ser querido; causa de enorme sufrimiento; contratiempo; desventura; problemas, rabia, un desafortunado desenlace desastre”.

¿Por qué hay duelo y por qué hay que atravesarlo? El duelo sirve para un propósito muy importante. Es una reacción a nuestra pérdida. Representa nuestro subyacente sentido de inseguridad. Nuestros miedos de abandono y sentimientos de vulnerabilidad afloran a la superficie, forzándonos a encararlos. El mundo sobre el cual basamos nuestro sistema de creencias, metas y nuestras vidas súbitamente se sale de control. Experimentamos miedo y nos sentimos expuestos. La mayoría de nosotros no queremos afronta o sentir estas emociones negativas y sin embargo ellas son tan relevantes e importantes para nuestro bienestar como nuestros pensamientos positivos. Necesitamos tanto sentimientos positivos como negativos para ser completamente humanos. Se ha dicho que uno nunca apreciaría las emociones positivas si nunca hubiera conocido las negativas. Por esta razón es tan importante encarar y experimentar las emociones negativas ya que haciéndolo construimos confianza en nosotros mismos. La peor cosa que podemos hacer es negar y reprimir estas emociones. Esto sólo retrasa nuestro crecimiento espiritual.

Otro factor para tener en mente es que el duelo no es una enfermedad de la cual debamos recuperarnos. No solamente es una cosa, sino que implica un proceso de sentimientos y condiciones físicas, y uno no puede juzgar cuanto duelo es suficiente. Nunca deberás sentirte presionado acerca de cómo se supone que debes mantener el duelo, ya que no existe un modo correcto o incorrecto. Es importante recordar que hay maneras saludables y constructivas de atravesar el proceso de duelo, y también formas destructivas y enfermizas, las cuales pueden conducirnos a mayor sufrimiento.

Cada vez que un ser amado muere, perdemos un poco de esperanza acerca de un mejor futuro. Un ser humano ha sido arrancado de nuestras vidas. Una relación es cortada en soplo. Nos sentimos frustrados, enojados, tristes y confusos. Sentimos pesar por las cosas que no hicimos o por las palabras que no dijimos. Nos preguntamos por qué los jóvenes o los buenos han de morir, mientras que los buenos para nada viven tanto tiempo. Grieving por nuestros seres amados no es un proceso intelectual. Debemos aprender a entender nuestros propios sentimientos y a estar en paz con la situación. Cuando alguien muere, lloramos por la pérdida de lo que pudo haber sido. También experimentamos nuestra propia fragilidad como seres humanos ya que no sabemos cuándo y cómo se producirá nuestra propia muerte.

Extractado de la página https://www.vanpraagh.com/healing-excerpt.html

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La rueda de la vida

Querida Elisabeth:

Hoy es el Día de la Madre y en este día tengo muchas más esperanzas de lasque tenía hace cuatro años. Ayer regresé de Virginia, donde he asistido al seminario "La vida, la muerte y la transición", y siento la necesidad de escribirte para decirte cómo me ha afectado.

Hace tres años murió mi hija Katie, a los seis años, de un tumor cerebral. Poco después mi hermana me envió un ejemplar de la historia de Dougy, y las palabras que escribiste en esa hoja informativa me conmovieron profundamente.

El mensaje de la oruga y la mariposa continúa dándome esperanzas y fue muy importante para mí escuchar tu mensaje el jueves pasado. Gracias por estar ahí y hablar con nosotros.

Sería muy difícil enumerar todos los dones recibidos durante esa semana, pero sí quiero concretarte algunos de los dones que recibí de la vida y la muerte de mi hija. Gracias a ti, entiendo más lo que significaron la vida y muerte de mi hija. Durante toda su vida nos unieron lazos muy especiales, pero esto lo vi con más claridad durante su enfermedad y muerte. Ella me enseñó muchísimo cuando murió y continúa siendo mi maestra.

Katie murió en 1986, después de una batalla de nueve meses contra un tumor maligno en el tronco encefálico. A los cinco meses de enfermedad perdió la capacidad de caminar y de hablar, pero no de comunicarse. La gente se sentía muy confundida cuando la veía en ese estado semicomatoso y cuando yo afirmaba que la niña y yo no parábamos de charlar. Ciertamente yo continué hablando con ella y ella conmigo. Insistimos en que le permitieran morir en casa, e incluso la llevamos a pasar unos días en la playa dos semanas antes de su muerte. Esos días fueron importantísimos para nosotros; había también sobrinas y sobrinos pequeños que durante esa semana aprendieron mucho sobre la vida y la muerte. Sé que recordarán durante mucho tiempo cómo nos ayudaron a cuidar de ella.

Katie murió a la semana de haber regresado a casa. Ese día comenzó como de costumbre, dándole sus medicamentos y comida, bañándola y conversando con ella. Esa mañana, cuando su hermana de diez años se iba a la escuela, Katie emitió unos sonidos (hacía meses que no lo hacía), y yo comenté que le había dicho "Adiós" a Jenny antes de que se marchara a la escuela. La noté muy cansada y le prometí que ya no la movería más ese día. Le dije que no tuviera miedo, que yo estaría con ella y que estaría muy bien. Le dije que no tenía por qué aferrarse a mí, y que cuando muriera se sentiría segura y rodeada por personas que la amaban, por ejemplo su abuelo, que había muerto hacía dos años. Le dije que la echaríamos mucho de menos, pero que estaríamos bien. Después me senté con ella en la sala de estar. Esa tarde, cuando volvió Jenny de la escuela, la saludó y después se fue a otra habitación a hacer sus deberes. Algo me dijo que fuera a ver a Katie y comencé a limpiarle el tubo por donde se alimentaba, que estaba goteando.

Cuando la miré vi que se le ponían blancos los labios. Hizo dos inspiraciones y dejó de respirar. Le hablé; ella cerró y abrió los ojos dos veces, y murió. Yo sabía que no podía hacer nada, fuera de abrazarla, y eso hice. Me sentí muy triste, pero también con mucha paz. En ningún momento se me pasó por la mente practicarle la reanimación, cosa que sé hacer. Gracias a ti, entiendo por qué. Sabía que su vida acabó cuando tuvo que acabar, que había aprendido todo lo que vino a aprender, y que había enseñado todo lo que vino a enseñar. Ahora paso la mayor parte del tiempo tratando de comprender todo cuanto me enseñó durante su vida y con su muerte.

Inmediatamente después de que muriera, y aún, hasta hoy día, experimenté una oleada de energía y sentí deseos de escribir. Escribí durante varios días, y continúan sorprendiéndome la cantidad de energía y los mensajes que recibo.

En cuanto murió me llegó el mensaje de que tengo una misión en mi vida, que vivir significa acercarse y dar a los demás. "Katie vivirá eternamente, como todos nosotros. Hemos de compartir con los demás la esencia de lo que es más valioso. Amar, compartir, hablar, enriquecer la vida de otras personas, acariciar y recibir caricias, ¿hay otra cosa que esté a la altura de estos momentos?"

Así pues, a partir de la muerte de Katie me he embarcado en una nueva vida; comencé un curso de orientación que terminé en diciembre, empecé a trabajar con personas enfermas de sida, y a comprender cada vez más mis lazos espirituales con Katie y con Dios.

También me gustaría contarte un sueño que tuve vanos meses después de la muerte de Katie. Este sueño me pareció muy real, y cuando desperté comprendí que era muy importante. Tu charla del jueves pasado me hizo ver con más claridad aún su significado: En el sueño llegaba junto a un riachuelo que me separaba de otro lugar. Me di cuenta de que tenía que ir a ese lugar. Vi un puente muy estrecho que cruzaba el riachuelo. Mi marido estaba conmigo y me siguió durante un rato; después tuve que llevarlo en brazos por el puente.

Cuando llegamos al otro lado, entramos en una casa. Había allí muchos niños, cada uno llevaba una tarjeta con su nombre y dibujos. Vimos a Katie, y entonces comprendimos que ésos eran todos los niños que habían muerto y que teníamos permiso para hacerles una corta visita. Nos acercamos a Katie y le preguntamos si podíamos abrazarla. "Sí -nos dijo-, podemos jugar un rato, pero no puedo marcharme con vosotros." Le dije que ya sabía eso. Estuvimos allí un jugamos con ella, pero después tuvimos que marcharnos.

Desperté con la clara sensación de que había estado con Katie esa noche. Ahora sé que así fue.

Besos, M. P.
Elisabeth Kubler Ross
Fragmento extraído del capítulo 37 “Graduación”

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El cielo de los niños

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, siete; todos los niños buenos van al cielo.
Rima tradicional

Cuando la vida ha cumplido con su propósito la muerte tiene que llegar, nadie se escapa de este hecho. Aún los hombres santos y los salvadores deben morir. La llegada de la muerte nos demuestra que el individuo está listo para disfrutar todas las maravillas y riqueza que nos ofrece el mundo espiritual. No hay nada que temer en la muerte dado que es una liberación para nuestras almas. A los humanos nos da mucho gusto cuando nacen los bebés, sin embargo en el mundo espiritual muchos lloran cuando saben que los bebés tienen que nacer en nuestro mundo. Similarmente, puede haber dolor cuando alguien muere en nuestro mundo, pero cuando el espíritu entra en la esfera del más allá siempre hay regocijo.

Perder a alguien que amas siempre es algo terrible; sin importar qué tan filosóficamente seamos capaces de tomarlo y qué tan convencidos estemos de la existencia de un más allá, las pérdidas siempre son muy dolorosas. Pero sin duda el peor de los dolores viene cuando se pierde a un hijo. De hecho, tengo que confesar que en ocasiones cuando estoy haciendo un trabajo de médium para padres que han perdido a un hijo, llego a sentir un nudo en la garganta y los ojos se me llenan las lágrimas…

Existen muchos lugares en el más allá que los niños van a disfrutar; nos han dicho que existen guarderías en que aquellas personas espíritu que dan su tiempo para el cuidado de los pequeños atienden a los bebés. Asimismo, hay ahí muchos ángeles que ayudan al desarrollo de esas almas inocentes que están rodeados de amor…

Fragmento del libro
Qué hacer cuando estés muerto
Graig Hamilton-Parker

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Bibliografía sobre el tema

DONDE LA PALABRA CALLA. REFLEXIONES SOBRE LA MUERTE DE UN HIJO. Alicia Schneider y Gustavo Berti. Editorial Grijalbo

MORIR EN SÁBADO. Carlo Clerico. Ed.Desclee

LA VIDA INTERIOR. El despertar del inconsciente. Ginette Paris.

ROTO. El desamor como fenómeno emocional y biológico. Ginette Paris.

SOBRE LA MUERTE Y LOS MORIBUNDOS. Elizabeth Kubler Ross

CUANDO TUS HIJOS CRUZAN EL PUENTE PRIMERO. Graciela Zanetta.

DEL OTRO LADO DE LAS LAGRIMAS. GUÍA PARA SUPERAR EL DOLOR DE LA MUERTE. Suzanne Pinard.

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE. LA VIDA Y EL AMOR. David Hyatt.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS ALA MUERTE DE UN SER QUERIDO. Elisabeth Kubler Ross.

VIVE CON TUS MUERTOS QUE VIVEN. René Juan Trossero.

NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS. René Juan Trossero.

EL PASO Y LA ESPERA. RUMIANDO LA VIDA. Mamerto Menapace.

PERDONAR. UNA DECISIÓN VALIENTE QUE NOS TRAERÁ PAZ INTERIOR. Robin Casarjian.

DE CARA A LA MUERTE. CÓMO AFRONTAR LAS PENAS, EL DOLOR Y LA MUERTE PARA VIVIR PLENAMENTE. Isa Fonnegra de Jaramillo.

EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO. Jack Wintz.

SANAR CON FE Y AMOR. ENCARAR EL DOLOR Y TRASCENDERLO COMO SENDERO A LA SALUD. Elías Margolis.

AYUDAR A LOS NIÑOS A ENFRENTAR LA MUERTE. Robert V. Dodd.

EL SENTIDO DE LA VIDA, René Juan Trossero.

CLAVES PARA AYUDAR A SUS HIJOS ANTE EL DUELO Y LA PENA. Joy Johnson.

MORIR ES NADA. CÓMO ENFRENTARSE A LA MUERTE Y VIVIR CON PLENITUD. Pepe Rodríguez

SOBRE DUELOS, ENLUTADOS Y DUELISTAS. UN ENSAYO PSICOANÁLITICO. Martín H. Smud.

TAMBIÉN TU SUFRIMIENTO TIENE SENTIDO. ALIVIO EN LA CRISIS A TRVÉS DE LA LOGOTERAPIA. Elisabeth Lukas.

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO. Víctor E. Frankl.

EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO ÚLTIMO. EL ANÁLISIS EXISTENCIAL Y LA CONCIENCIA ESPIRITUAL DEL SER HUMANO. Víctor E. Frankl.

PÉRDIDAS SIGNIFICATIVAS A LO LARGO DE LA VIDA. Instituto Mexicano de Tanatología.

TODO FINAL ES UN LUMINOSO PRINCIPIO. Elisabeth Kubler Ross.

LA MUERTE UN AMANECER. Elisabeth Kubler Ross.

BUSCANDO A MI ESTRELLA MAILÍ. RECONSTRUYENDO MI VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI HIJA. Gisela Castillo de Luján.

PSICOLOGÍA ESPIRITUAL. MANANTIALES DE VIDA PLENA DE SENTIDO. Elisabeth Lukas.

RENACER EN EL DUELO. CUANDO MUERE UN SER QUERIDO. Mateo Bautista, Nora y Daniel Sitta.

UN HIJO NO PUEDE MORIR. LA EXPERIENCIA DE SEGUIR VIVIENDO. Susana Roccatagliata.

UN PÉSAME PARA CONSOLAR. José Roja de la Vega y Patricia Negrete.

LA CRISIS DE LA MUERTE. Ernesto Bozzano

MIL SEÑALES. Jean Martin.

LOS TESTIGOS DEL INVISIBLE. Jean Pieur.

POR LOS CAMINOS DEL PERDÓN. Alejandra Ma. Sosa Elízaga.

MUERTES INESPERADAS. Eduardo H. Grecco.

LA ORACIÓN DE LA RANA. Anthony de Mello.

HABLANDO CON EL CIELO. James Van Praagh.

EL ABRAZO QUE LLEVA AL AMOR. CÓMO SANAR EMOCIONALMENTE A TUS HIJOS CON UN ABRAZO. Laura Rincón Gallardo.

EL CAMINO DE LAS LAGRIMAS. Jorge Bucay.

CUANDO EL AMOR VENCE AL DOLOR. UN MENSAJE DE VIDA. Fernando Amezcua.

APRENDIENDO A DECIR ADIÓS. CUANDO LA MUERTE LASTIMA TU CORAZÓN. Marcelo Rittner.

LA OTRA CARA DEL DOLOR. HIJOS QUE PIERDEN HERMANOS. Susana Roccatagliata.

LAZOS DE AMOR. Brian Weiss.

PADRES DESPOJADOS.

UNA VIDA PLENA. Elisabeth Kubler Ross.

¿POR QUÉ LAS COSAS MALAS LE PASAN A LA GENTE BUENA? Harold Kusnher

EL ÁNGEL NÚMERO DOCE. Og Mandino

HACIA EL AMOR. UN MODO DE AFRONTAR EL SUFRIMIENTO. Teresa Carrera Bulnes.

ILUSIONES. Richard Bach.

LO QUE VIERON A LA HORA DE LA MUERTE. Ossis y Haroldson.

EL LIBRO TIBETANO DE LA VIDA Y LA MUERTE. Rimpoché Soygal.

LA RUEDA DE LA VIDA. Elisabeth Kubler Roos.

DONDE EL TIEMPO NO EXISTE. David Hatch Patterson.

VIVIR EL DUELO. Cvhristopher Fauré.

CUENTOS MARAVILLOSOS. Herman Hesse.

ESTOY EN DUELO. José Carlos Bermejo.

ALCANZANDO EL CIELO. James Van Praagh.

REFLEXIONES SOBRE LA VIDA. Gandhi.

 LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE. Ramacharaka

MUCHAS VIDAS MUCHOS MAESTROS. Brian Weiss.

NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS. René Trossero

REDESCUBRIR LA VIDA. Anthony de Mello

SÓLO EL AMOR ES REAL. Brian Weiss.

CÓMO CRECER A TRAVÉS DEL DOLOR.

GUÍA PARA FAMILIARES EN DUELO.

NO PUEDO MÁS; EL DOLOR DEL DUELO. Luís Alfonso Reyes Zubiría.

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